martes, 27 de septiembre de 2011

PRIMER COLAGE DEL ALMA

Ponerle fin a su existencia hubiera sido lo más conveniente sin dudas, pero algo inexplicable, mezcla de omnipotencia y miedo…me impidió concretarlo.
Contrariamente a lo pensado fue bastante fácil abortar el proyecto, y tampoco fue difícil aceptar la convivencia.
En todos los meses venideros, fuera de recibir algún que otro golpe suave sin mala intensión o alguna que otra marca dejada sin querer, no podría hablarse de grandes sacrificios de mi parte.
Pasaban horas de absoluta tranquilidad y calma cuando él parecía dormir, pero mi joven y tierno cuerpo no aceptaba fácilmente todos los embates a los que debía someterse.
A las siete de la mañana de aquel día, comenzaron las insinuaciones amenazantes y en un par de horas todo se volvió angustiosamente doloroso.  
Decidí no cooperar, pero a él pareció no interesarle.  Siguió atormentándome como un animalito sin conciencia al que solamente le importaba saciar sus necesidades.
Pasadas algunas horas de martirio, asustada y dolorida, me rendí.  
Quise dormirme y soñar que todo era un sueño… Pero no. No fue posible.
Mi visión cayó entonces en una pequeña zona que contenía la mayor carga de dolor, y vi entonces que en ella se revelaba un diminuto fragmento de humanidad: Un pequeño óvalo de piel rosada con pelos que parecía estar sosteniendo una presión ciega contra mí.
Su vida dependía exclusivamente de salir con vida de ese pasadizo estrecho, húmedo y sofocante que no le permitía avanzar.
Tal vez no le quedaban muchas fuerzas… Tal vez estaba a punto de rendirse también.
No creo haber experimentado nunca más, la enorme ternura que invadió mi ser en ese momento.
Fue la hora de la más absoluta rebelión y valentía que tuve en mi vida.
Como un guerrero que se entrega a la batalla sin importarle la muerte… algo brutal surgió dentro de mi y arrastró su furia hacia mi garganta que explotaba, hacia mis manos empuñadas a los hierros que sostenían mis piernas,  hacia mi cuerpo arqueado, forzándolo hacia delante tratando de ayudarlo.
Tras un grito ahogado explotó de dolor y anestesia mi vida.
Él…completamente desnudo, dolido, mojado… salió por fin.
Salió a la superficie de un lugar blanco, seco y frío, en donde lo esperaba yo. Ingenua, dolorida, herida, exhausta…y feliz.
Unas horas mas tarde lloramos los dos.
Él, porque tenía hambre. Yo, porque no sabía que hacer.
6 años más tarde lloramos los dos.
Él, porque había perdido su tarro de ladrillitos. Yo, porque no sabía como podría darle otro.
16 años más tarde lloramos los dos.
Él, porque se sentía solo. Yo, porque lo sabía… ya había sido adolescente.
26 años después lloramos los dos.
Él, por un amor no correspondido. Yo, porque hubiera dado mi vida para que no sufriera.
36 años después…
Él, no sé si llora. Ojala que no. 
Yo, sigo llorando a veces.

Gloria

5 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Ese final me ha dejado K.O.
Conmocionado total.

Un abrazo Gloria.

Estrella Altair dijo...

Hola Gloria.. buen relato.. impacta..
sinceramente..

Me gusta lo que cuentas de tu padre.. es muy muy agradable y encontrar ese color de esa manera, parecido descubrí yo las amapolas.. muy muy chica.

Un saludo

Ricardo Miñana dijo...

Un texto conmovedor,
si te gusta la poesía te invito a mi nuevo blog:
Brisa poética que abrí para escribir algo diferente.
que tengas un bonito fin
de semana.
saludos.

Susana Peñaloza dijo...

Hermoso y conmovedor

GLORIA ABELLA ( Arcadia fieltro-taller ) dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.